La Duda

Publicado 30/05/2026

Por ToniSB
Miembro desde March 2026

El autor era un  adulto  cuando se publica este artículo. Tenía 48 años.

3 artículos publicados

Noté la suavidad de su piel como nunca antes había sentido. Su mano ofrecía serenidad, igual que su presencia. No podía dejar de mirarla a los ojos. Su sonrisa me invitaba a hacer algo que nunca antes pensé. Unas ganas irremediables de abrazarla llenaron rápidamente mi pecho. La razón me lo impedía, pero mi corazón lo pedía a gritos.

 

—¿Quieres un abrazo, Carla? —dijo sin soltarme la mano.

 

«¿Cómo sabe que necesito abrazarla?»

 

—No pasa nada, es natural. Es una reacción del todo humana, a la que sé que no estás acostumbrada.

 

—Pero…

 

Bajó el brazo lentamente, levantando el otro suavemente para abrazarme. Cedí. Creo que fue la primera vez que mi cabeza dejaba de razonar, analizar, sopesar y sacar conclusiones rápidas para estar a la altura requerida de los formadores. Los problemas teóricos desaparecían de mi mente, las historias, las imágenes, todo. Nada en ese momento era más importante que la sensación que me invadía.

 

Me soltó al cabo de unos segundos, aunque para mí fue una eternidad comprimida en un suspiro.

 

—¿Quieres que nos sentemos o prefieres que paseemos por el jardín?

 

—No sé qué escoger, no sé qué es mejor.

 

—Déjate llevar, Carla, es tu día libre.

 

Le indiqué que prefería pasear.

 

Después de respirar profundamente durante unos segundos, empezamos a caminar por el jardín. No dejaba de observar, atónita, el árbol con sus hojas verdes, el cielo infinito, con ese azul que parecía que todo podía abarcarlo. Mi acompañante, que por cierto no sabía su nombre, me llevaba del brazo, como si fuéramos pareja y nos conociéramos desde hacía mucho tiempo.

 

El ritmo era lento y podía observar, sin verla, que me miraba mientras registraba en mi memoria todo lo que se encontraba a mi alcance.

 

—¿Llevas la foto encima?

 

Tardé unos segundos en reaccionar. No esperaba que dijera nada, y menos que mencionara lo que, en teoría, era para mí la única pertenencia de un pasado lejano.

 

—Sí, ¿por qué?

 

—Me gustaría volverla a ver, si no te supone ningún inconveniente.

 

Su sonrisa no se desdibujó en ningún momento, y la sensación de confianza en ella era abrumadora, cosa que no llegaba a entender.

 

—Sí, claro, por supuesto —contesté con una firmeza extraña en mí, pues siempre lo cuestionaba todo.

 

—Gracias, Carla. —Cogiendo de mi mano la foto de mis padres en la que también estaba yo.

 

—Ya casi no recordaba sus rostros. Y tú, qué pequeña. Si no recuerdo mal, ahí tenías dos años, ¿verdad? —observando la foto con cariño y nostalgia.

 

—Sí, eso es lo que siempre me dijeron y lo poco que sé de mi pasado.

 

Me devolvió la foto y su sonrisa empezó a desaparecer. Observé claramente cómo las facciones de su cara empezaban a cambiar, cómo me soltaba el brazo y cómo los cruzaba bajo su pecho. Con la cabeza ligeramente inclinada mirando al suelo y la mirada un poco perdida, parecía que quisiera decirme algo que no me iba a gustar.

 

—Mi nombre es Inari y a partir de ahora voy a ser tu tutora.

 

En ese momento no supe descifrar si esa frase afirmativa, casi como una sentencia, iba a ser buena o mala. Continuamos el paseo en silencio, el cual se rompió por un sonido que nunca antes había escuchado. No lo pude relacionar con nada. Nos paramos de golpe, ella sacó un objeto de su bolsillo, el sonido paró… Inari se giró de espaldas y bruscamente dijo:

 

—Aquí me despido, nuestro tiempo ha terminado.

 

Me quedé quieta, sola, mirando cómo se alejaba. No pude decir nada ni hacer nada, solo la veía marchar.

 

Supe que ese día me cambió para siempre.

 

Estaba llena de paz, de emoción; sin embargo, las dudas empezaron a hacer mella en mí cuando llegué a mi habitación.

 

¿Realmente por qué lo del día de hoy? ¿El aire libre, la sensación de libertad, todo era así? ¿La gente vivía con esos privilegios?

Inari, ¿mi tutora? A partir de ahora, ¿no me conocía o sí?

 

Cuando vio mi foto, le resultó familiar, se lo noté en la cara. Por lo poco que la conocía, era una mujer muy expresiva.

 

Necesitaba saber más.


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